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- Lo que los inspectores encuentran una y otra vez - Lo que la norma pide frente a lo que se hace - El flujo de caja prospectivo: donde se concentran las deficiencias - Ejemplo práctico: Transportes Mediterráneos S.L. - La zona gris: presión comercial y juicio profesional - Contenido relacionado

Lo que los inspectores encuentran una y otra vez

Vamos con los datos. Las inspecciones del FRC, el PCAOB y la AFM coinciden en cinco deficiencias recurrentes. No son cinco problemas distintos; son cinco síntomas de un problema de fondo: tratar la evaluación de empresa en funcionamiento como marcar la casilla en lugar de como un juicio que puede cambiar el informe.

Ratios sin contexto: la plantilla que no dice nada

Primer hallazgo, y el más frecuente: evaluación superficial de indicadores financieros. Equipos que calculan el ratio corriente, el endeudamiento, quizá la cobertura de intereses, y documentan los resultados en una plantilla. Hasta ahí, correcto. Ahora bien, una empresa de construcción con proyectos de 18 meses y una consultoría con ingresos mensuales recurrentes pueden tener exactamente el mismo ratio corriente de 0,8, y eso no significa lo mismo para las dos.

Conforme a la NIA-ES 570.A6, los indicadores se agrupan por categorías (financieros, operativos, otros). Lo que pide la norma no es calcular ratios sino conectarlos con las fuentes de financiación específicas de la entidad. Si el ratio corriente es 0,8 pero la empresa tiene líneas de crédito disponibles por 400.000 euros y cobros pendientes confirmados por 300.000, la situación es distinta de un 0,8 sin colchón alguno. Dicha conexión tiene que quedar reflejada en la documentación. En la práctica, rara vez lo hace.

Aceptar la previsión del cliente sin más

Inspecciones del PCAOB muestran que el 45% de deficiencias relacionadas con la NIA-ES 570 implican aceptación acrítica de las proyecciones de la dirección. Llega el Excel con el flujo de caja proyectado, alguien comprueba que las fórmulas cuadran y se archiva el documento. Procedimiento completado.

No. La NIA-ES 570.16(b) exige evaluar los análisis preparados por la dirección, lo que significa verificar las hipótesis que hay detrás de cada línea. Si la dirección proyecta un crecimiento de ventas del 15%, la documentación debe mostrar en qué se basa esa cifra: contratos firmados, pedidos en cartera, capacidad productiva, histórico del sector. Comprobar la aritmética no es evaluar la previsión. Es un brindis al sol.

Desde mi punto de vista, este es el hallazgo más revelador porque no se debe a falta de procedimientos sino a una confusión sobre qué significa "evaluar". Muchos equipos interpretan la norma como "revisar el documento" cuando lo que pide es "cuestionar las premisas".

Eventos posteriores tratados como sección aparte

Según datos de la AFM holandesa de 2023, el 42% de expedientes con opiniones modificadas por empresa en funcionamiento no habían considerado adecuadamente los eventos posteriores al cierre. En España, controles técnicos del ICAC apuntan a deficiencias similares: evaluación de empresa en funcionamiento y trabajo de eventos posteriores al cierre tratados como compartimentos estancos.

Lo que realmente ocurre es que los equipos completan la evaluación de empresa en funcionamiento en enero o febrero, archivan la conclusión, y después hacen el trabajo de eventos posteriores en marzo. Si entre medias el cliente ha firmado una refinanciación, ha perdido un contrato relevante o ha recibido una notificación regulatoria, esa información no se integra en la evaluación de empresa en funcionamiento porque "ya estaba cerrada".

No hay base normativa para ese corte temporal. Conforme a la NIA-ES 570.A25, se evalúan eventos hasta la fecha del informe. Eso convierte la evaluación de empresa en funcionamiento en el último procedimiento que se cierra, no en uno de los primeros.

Planes de la dirección que nadie cuestiona

Según el FRC, los equipos aceptan planes directivos sin evaluar la viabilidad ni la dependencia de terceros. Caso típico: la dirección presenta un plan de refinanciación bancaria como solución a sus problemas de liquidez, el equipo documenta que "la dirección ha presentado un plan de refinanciación" y concluye que las dudas están mitigadas.

Falta todo lo que importa. La NIA-ES 570.A14 exige evaluar si los planes mitigarán los eventos o condiciones identificados. Para un plan de refinanciación, eso significa documentar si el banco ha mostrado disposición concreta (no genérica), bajo qué condiciones, qué garantías adicionales se exigen, si la entidad puede cumplir esas condiciones, y si la refinanciación cubre cuantitativamente el déficit identificado.

He visto expedientes donde el plan de mitigación consistía en "vender activos no estratégicos" sin una sola tasación, ni identificación de qué activos, ni análisis de si el mercado permite esa venta en el plazo necesario. Eso no es un plan. Es una declaración de intenciones.

La brecha entre análisis y conclusión

Según inspecciones internacionales, la deficiencia más consistente no está en el análisis ni en la conclusión por separado, sino en el espacio entre ambos. Se documentan indicadores, se evalúan planes, se identifican dudas, y después se redacta una conclusión que no se sigue lógicamente de lo anterior.

Conforme a la NIA-ES 570.25, hay que documentar tanto la conclusión como las razones que la sustentan. No basta con dos secciones separadas en el papel de trabajo (una de "análisis" y otra de "conclusión") rellenadas de forma independiente. Si la conclusión no se deriva inevitablemente del análisis, hay un problema de documentación. Si se han identificado dudas sobre la capacidad de continuar como empresa en funcionamiento, la conclusión debe explicar por qué esas dudas se han mitigado (o no) con referencia específica a los planes evaluados y a la evidencia obtenida.

Lo que la norma pide frente a lo que se hace

Entre lo que dice la norma y lo que se hace hay un mundo. Sobre el papel, la NIA-ES 570 tiene una estructura lógica clara: identificar eventos y condiciones (570.10), evaluar la valoración de la dirección (570.12), determinar si existen dudas (570.16), evaluar planes de mitigación (570.16(b)), obtener manifestaciones escritas (570.16(d)), concluir sobre la adecuación de la base contable (570.18) y evaluar la adecuación de las revelaciones (570.20-22).

Lo que se hace en muchas firmas es un documento de dos o tres páginas donde se enumeran indicadores, se adjunta el plan de la dirección y se marca la conclusión correspondiente. No hay evaluación de hipótesis. No hay análisis de suficiencia cuantitativa de los planes. No hay conexión entre los eventos identificados y la conclusión final.

Vaya por delante que la norma tampoco facilita las cosas. La NIA-ES 570.16(b) dice que el auditor debe evaluar si los planes "mitigarán" los eventos o condiciones, pero no especifica qué nivel de análisis se espera. Esa ambigüedad deja espacio para que equipos con buenas intenciones documenten un trabajo insuficiente creyendo que cumple. No es siempre negligencia. A veces es una interpretación demasiado literal de un texto que podría ser más explícito.

El flujo de caja prospectivo: donde se concentran las deficiencias

Conforme al párrafo NIA-ES 570.A11, cuando existan dudas, puede ser necesario obtener análisis de flujo de caja y otros análisis prospectivos de la dirección. En la práctica, este es el procedimiento que más se omite o se ejecuta de forma superficial.

Un análisis de flujo de caja prospectivo que sirva para evaluar empresa en funcionamiento necesita cuatro componentes. No como lista de comprobación sino como trabajo sustantivo.

Primero, la verificación de hipótesis operativas. Para cada línea de ingresos proyectada, tiene que haber evidencia que la respalde. Contratos firmados, histórico de pedidos, capacidad de producción confirmada. Si la empresa proyecta ventas de 6 millones y solo tiene contratos firmados por 3,5 millones, el auditor necesita documentar qué respalda los otros 2,5 millones y por qué considera razonable esa expectativa.

Segundo, el análisis de estacionalidad. Una empresa de instalaciones de calefacción con ventas concentradas entre octubre y febrero necesita un análisis mensual. Un análisis trimestral puede ocultar meses de flujo negativo que ponen en riesgo los pagos de nóminas y proveedores. En mi caso, cuando he auditado empresas estacionales, he comprobado que el 80% de las proyecciones que recibíamos de la dirección eran trimestrales; cuando las desglosábamos por meses, las bombas de relojería aparecían solas.

Tercero, la evaluación de flexibilidad financiera. Si el flujo de caja proyectado no se materializa, ¿qué opciones tiene la entidad? Líneas de crédito no dispuestas, activos susceptibles de venta, gastos que se pueden aplazar. Esta flexibilidad determina la gravedad de las dudas identificadas. No es lo mismo una empresa con dudas y un colchón de 500.000 euros en líneas disponibles que una empresa con las mismas dudas y cero margen.

Cuarto, el análisis de vencimientos de deuda. Compare vencimientos mes a mes con el flujo de caja acumulado. Una entidad con 500.000 euros de deuda que vence en marzo necesita haber acumulado esos 500.000 euros para febrero. Que el flujo anual sea positivo no sirve si el vencimiento llega antes que la liquidez.

Ejemplo práctico: Transportes Mediterráneos S.L.

Transportes Mediterráneos S.L., Valencia. Facturación anual de 8,2 millones de euros. Flota de 25 camiones, 18 empleados, préstamo bancario de 1,8 millones con vencimiento en 14 meses.

Indicadores identificados (NIA-ES 570.A6)

Ratio corriente de 0,6 (activo corriente 800.000 euros, pasivo corriente 1.300.000 euros). Pérdidas acumuladas de 340.000 euros en tres ejercicios. Incumplimiento de covenant: ratio deuda/patrimonio de 2,1 frente a un límite contractual de 2,0.

Documentación: "Los indicadores generan dudas sobre la capacidad de continuar como empresa en funcionamiento. Procedemos a evaluar los planes directivos conforme a la NIA-ES 570.16(b)."

Evaluación de los planes de la dirección

Se presenta un análisis de flujo de caja con tres líneas de actuación: crecimiento de ventas del 20% basado en contratos firmados por 6,8 millones; venta de 8 camiones antiguos por 180.000 euros netos; refinanciación del préstamo bancario con extensión de 6 meses.

Aquí es donde la mayoría de equipos se detienen. Documentan los planes y pasan a la conclusión. Lo que falta es la verificación independiente.

Verificamos los contratos: 6,8 millones firmados, que representan el 83% de la proyección total. Razonable, con un 17% pendiente de materializar. Solicitamos tasaciones para los camiones: promedio de 22.500 euros por unidad, consistente con la proyección de la dirección. Hay carta de intención bancaria que confirma disposición a refinanciar, pero sujeta a evaluación de garantías adicionales (hipoteca sobre la nave industrial del polígono de Paterna).

La complicación que nadie anticipa

Dos semanas antes de la firma del informe, el equipo descubre que el contrato más importante (1,4 millones con una cadena de distribución alimentaria) incluye una cláusula de rescisión unilateral con 30 días de preaviso. No estaba en el análisis inicial. Si ese contrato se rescinde, la proyección de ingresos baja a 5,4 millones y el flujo operativo proyectado pasa de +420.000 euros a +80.000 euros, insuficiente para cubrir los vencimientos de deuda incluso con la refinanciación.

¿Qué hace el equipo? Tiene dos opciones. La primera, documentar que la cláusula de rescisión introduce una dependencia adicional pero que no hay indicios de que el cliente vaya a ejercerla, y mantener la conclusión. La segunda, requerir que las cuentas anuales incluyan revelación específica de esta dependencia conforme a la NIA-ES 570.22 y considerar si procede un párrafo de énfasis.

No hay respuesta única. Depende de la antigüedad de la relación comercial, del historial del cliente, de si hay indicios de insatisfacción. Lo que no es aceptable es ignorar la cláusula porque "complica la conclusión".

Documentación final: "Tras la confirmación de la refinanciación bancaria (evento posterior, 28 de febrero), las dudas sobre empresa en funcionamiento se mitigan parcialmente. Persiste dependencia de la continuidad del contrato con [cadena alimentaria] por 1,4 millones, con cláusula de rescisión unilateral. Se requiere revelación conforme a NIA-ES 570.22."

La zona gris: presión comercial y juicio profesional

Hasta aquí, procedimientos. Ahora la parte que ninguna guía de inspección menciona pero que todo auditor con experiencia reconoce.

No es solo un problema técnico. Cuando un auditor concluye que existen dudas sobre la capacidad de continuar de una entidad, está emitiendo una señal que puede acelerar exactamente lo que pretende advertir. Se retiran líneas de crédito, los proveedores exigen pago anticipado, los clientes buscan alternativas. La profecía autocumplida es real, y quien firma el informe lo sabe.

Por lo que conozco del sector en España, esto genera una tensión que la NIA-ES 570 no aborda. El socio necesita el cliente. La firma no puede perder honorarios. El equipo siente la presión (no siempre explícita, a veces implícita en la cultura de la firma) de encontrar una forma de que las cuentas pasen sin opinión modificada.

No estoy diciendo que haya fraude generalizado. Lo que hay es una tendencia estructural a interpretar la evidencia del modo más favorable para la conclusión de empresa en funcionamiento, porque la alternativa tiene consecuencias comerciales inmediatas. En informes del FRC lo llaman "optimism bias". En España no se usa ese término, pero el fenómeno es idéntico.

Desde mi punto de vista, la solución no pasa solo por mejorar la documentación ni por aplicar más procedimientos. Pasa por reconocer que el conflicto de intereses existe y que la calidad del juicio sobre empresa en funcionamiento depende de que la firma tenga la disposición real (no declarada, real) de perder un cliente si la evidencia lo requiere. Sacar adelante con lo que hay es una práctica comprensible, pero no es lo que exige la norma.

Todos los reguladores lo saben. Tanto el ICAC en España como la AFM en Países Bajos y el FRC en Reino Unido inspeccionan precisamente este tipo de expedientes porque son los que más riesgo concentran. Al final, la diferencia entre un expediente que pasa la inspección y uno que no pasa rara vez es un ratio mal calculado. Es si el equipo se hizo las preguntas incómodas y las documentó con honestidad.

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